Daath y el Abismo

Daath y el Abismo
Por Colin Low
Traducido por Ezekiel Martín

“Cuando miras al abismo, el abismo te mira de vuelta” Nietzsche
“La Nada está atada al corazón del ser – como un gusano” Sartre

En la Kábala moderna hay una idea bastante elaborada de algo llamado el Abismo que se encuentra entre la triada Kether, Chokhmah, y Binah, y los otros siete sephiroth restantes. Cuando uno se fija en el proceso del Rayo lluminador en el Árbol ve que el movimiento sigue la estructura de caminos que unen todos los sephiroth menos en el paso que da de Binah a Chesed. Aquí es como si faltara un paso análogo al de Tiphereth más abajo.

Esta idea del abismo es muy antigua y ha encontrado la manera de integrarse en la Cábala de diferentes formas que con el tiempo se han convertido en el “Gran Abismo”; Este concepto es de una importancia tal que si no existiera habría que inventarlo, al igual que si no existiera la idea de Dios. Una de las primeras fuentes del abismo viene de la Biblia: “Y la Tierra no tenía forma, y estaba vacía; una oscuridad cubría la faz de lo profundo.” Los kabalistas adoptaron esta visión de que había un tiempo antes de la creación caracterizado por Tohu y Bohu, es decir, el Caos y el Vacío [1]. Otra idea mencionada varias veces en la Zohar [2] es que hubo varios intentos fallidos de creación *antes* del presente; estos intentos fallaron porque la misericordia y el juicio (fuerza y forma en términos modernos) no estaban equilibrados y los “escombros” de estos intentos, las cáscaras rotas de los sephiroth anteriores terminaron en el Abismo. Debido a que estos klippoth eran el resultado de un rigor o juicio desequilibrado se consideraron malos, por lo tanto el Abismo se convirtió en el depositario de los espíritus malignos, un lugar no muy diferente de donde fueron expulsados los ángeles rebeldes en la Biblia, o los Titanes en la mitología griega. Otro tema que contribuyó a la noción del Abismo fue la leyenda de la Caída.

De acuerdo con la interpretación cabalística del mito bíblico, en la conclusión del acto de la Creación había un estado puro, ejemplificado en el Edén, donde Adán y Eva co-existían en un estado de perfección divina. Hay varias interpretaciones esotéricas de lo que la Caída representa, pero todas están de acuerdo en que después de ella el Edén se volvió inaccesible y Adán y Eva fueron separados y puestos en cuerpos carnales en el mundo de la materia (y por extensión en el mundo de la limitación, dolor, sufrimiento, muerte) manifestaciones del rigor o el mal inherente en Dios. Esta historia es anterior a la kábala y se puede encontrar de manera similar en la leyenda de Sophia exiliada en la materia.

Esta idea de la separación o exilio de la divinidad se refleja en la posición del Abismo en el Árbol moderno la cual separa los sephiroth que representan al ser humano y los que representan a Dios. Isaac Luria (1534 -1572) introdujo un nuevo elemento en la noción del Abismo con la idea del “tzimtzum” o contracción. Luria se preguntaba cómo era posible que el Dios oculto (En Soph) pudiera crear algo partiendo de la nada. Si En Soph (eterno, infinito) está en todas partes entonces ¿cómo podemos ser diferentes a En-Soph? Luria decía que la creación era posible gracias a una contracción en En Soph la cual creó un vacío donde Dios no estaba, En Soph había decidido limitarse a si mismo por medio de contraerse, y esto mostró que el principio de la limitación de sí mismo era necesaria antes del proceso creativo; no sólo explicaba esto por qué la Creación es distinta al Dios oculto, sino que también enfatizaba que la limitación era inherente a la creación desde el mismo principio.

La limitación, lo finito, la separación de una cosa y otra, lo que los primeros kabalistas llamaron la severidad o “juicio estricto” de Dios (lo que los kabalistas modernos llaman “forma”) era una cualidad sorprendente que introducir en la creación ya que es la fuente de todo el sufrimiento y el mal en un sentido impersonal, lo que Dion Fortune llamó “el mal negativo” [3]. La noción de Luria del tsimtsum sugería que no había posibilidad de creación sin esta cualidad, y proveía una explicación más bien abstracta a una de las preguntas más persistentes de todos los tiempos, “si Dios hizo el mundo y Dios es bueno, ¿por qué hizo los mosquitos?”. Junta las diferentes ideas sobre el Gran Abismo y obtendrás un vasto escenario inicial donde ejecutar el acto de la creación como si de un anfiteatro romano se tratara. El misterio de En Soph jugó un breve papel como director desde la tribuna imperial, y después se retiró a la conclusión de la actuación dejando atrás un enchufe de una carga impresionante colgando de la nada, conectado a una clavija por detrás de Kether. Las luces de los sephiroth iluminan el centro de este inmenso escenario; esto es Olam Ha-Nekudoth, “El Mundo de las Luces”. En los alrededores del anfiteatro en la oscuridad lejos de las luces yacen todos los deshechos sobrantes del acto abandonados y pudriéndose. Una extraña vida habita este lugar. La situación fue descrita más o menos así cuando en 1909 Aleister Crowley decidió “cruzar el Abismo” y añadió lo siguiente a la mitología del mismo [4]: “El nombre del que habita en el Abismo es Choronzon, pero no es un individuo. El Abismo está vacío de ser; está lleno con todas las formas posibles, cada una igual de necia, por lo tanto mala en el único sentido verdadero de la palabra, sin sentido y maligna en tanto que cada forma quiere llegar a ser real. Estas formas se arremolinan desordenadamente como torbellinos de arena, y a veces una de estas formas al azar se cree individual y dice “Yo soy yo” aunque sabe perfectamente que sus elementos no tienen una verdadera unión; la más pequeña turbulencia disipa esta ilusión, como un jinete que atraviesa uno de ellos y a su paso toda la arena del torbellino cae al suelo.

Me sorprendió leer esto por su similitud con la sección de Hod y Netzach donde describía el caos de la personalidad bajo el control de las “huestes” o “ejércitos”, caos en el que diferentes formas se disputaban el derecho de la personalidad del sujeto, del “yo”. La experiencia de Crowley se parece a la historia del desgarrar el Velo de Paroketh que separa Yesod y Tiphereth. Los siguientes comentarios de Crowley nos ayudan a entenderlo: “Tan pronto como hube destruído mi personalidad, tan pronto como hube expulsado mi ego, vi que el universo que antes era una fuerza temible y fatal, cargado de todas las formas del miedo, lo era sólo en relación a la idea del “yo”; por lo que si “yo soy yo” todo lo demás debe ser hostil. Ahora que no había más “yo” que sufriera, todas estas ideas que me habían hecho sufrir se volvieron infantiles. Podía alabar la perfección de todas las partes; podía asombrarme y adorar a la Totalidad”.

Esta descripción es típica de alguien que se ha desprendido del demonio del falso yo y la triada limitante de Hod, Netzach y Yesod, yendo hacia Tiphereth. La experiencia de Crowley es válida a nivel personal pero cruzar el Abismo es algo a otro nivel, como veremos en la sección de Binah y Chokhmah. Un cabalista del siglo XX que añadió algo útil a la siempre en evolución idea del Abismo fue Dion Fortune, en su trabajo teosófico “La Doctrina Cósmica” [3]. Este libro parece haber sido inspirado por “La Doctrina Secreta” de Blavatsky y realmente cumple las expectativas que él dio al decir que lo había escrito con la intención de entrenar la mente, no de informarla. Fortune describe tres procesos que surgen de lo No-manifiesto (En Soph): El Anillo del Cosmos que es un proceso anabólico subyacente en la creación de formas de complejidad creciente. El Anillo del Caos que es un proceso catabólico subyacente en la destrucción y reciclaje de la forma. Y a parte de esos dos procesos además describió un límite en el que el catabolismo se convierte en anabolismo formando otro anillo más. Ella visualizó esto como tres grandes anillos en lo No-manifiesto, con el Anillo del Cosmos girando hacia el centro, el Anillo del Caos girando hacia afuera, y el último definiendo el límite externo del Anillo del Caos como un abismo de no-ser, un compuesto cósmico donde la forma se digiere bajo el dominio del Angel de la Muerte para convertirse en algo fértil donde se puede crear de nuevo”.

Esta descripción del Anillo del Caos tiene su imagen informática en la “papelera de reciclaje del contador referencial” (por increíble que parezca puesto que se escribió en los años 30). Muchos lenguajes de programación permiten que nuevas estructuras se creen de forma dinámica, permitiendo así la creación de estructuras cada vez más complejas. Al mismo tiempo hay un mecanismo que se deshace de las que ya no son útiles para que el sistema no se quede sin memoria y el esquema es que si una estructura no es requerida por alguna otra durante un determinado tiempo entonces se recicla. En el lenguaje de Fortune, si quieres destruir algo “creas un vacío alrededor de ello” (como quitar todas las referencias en el ej. informático). Así previenes que haya alguna clase de oposición a la destrucción (ninguna referencia que haga que el sistema no cumpla con su condición a la hora de deshacerse de una estructura). En el ejemplo informático la estructura acaba en la papelera y en el ejemplo de Fortune acaba en el Anillo del Caos. “La Doctrina Cósmica” es un intento valiente de decir algo muy profundo; tal vez a nivel intelectual podría ser mejorable pero a nivel cabalístico tiene una visión mágica intuitiva como ningún otro texto que haya leido en mi vida. La idea de la papelera del contador referencial y de un abismo de no-ser que más que un estado es un proceso contrario a llegar a ser (dejar de ser) es algo difícil de olvidar.

Un ejemplo final del abismo es que difiere de los anteriores en el sentido de que trae a colación las relaciones entre nosotros, lo creado y lo No-manifiesto, el En Soph mismo. Los escritores cabalísticos están de acuerdo en que lo No-manifiesto es algo, aunque dé la impresión de que no sea nada; es el manantial del ser, pero en tanto que Ser no-manifiesto combina en el mismo concepto “no” y “ser” por lo que el sentido se hace esquivo. Scholem [6] describe esta “nada” de la siguiente manera: “El primer giro mediante el cual el Dios introspectivo se hace externo y la luz que antes brillaba hacia adentro se hace visible, esta revolución de perspectiva, transforma En Soph, la totalidad inexpresable, en la nada. Es en esta “nada” mística que nacen todos los otros estadios de Dios desplegándose como emanaciones de sephiroth, los kabalistas llaman a este sephira la “Corona Suprema” de la Divinidad. Utilizando otra metáfora, es el abismo el que se hace visible en los espacios en blanco de la existencia. Algunos kabalistas que han desarrollado esta idea, por ej. Rabbi Joseph ben Shalom de Barcelona (1300), mantienen que cada transformación de la realidad, en cada cambio de la forma, o cada vez que el estatus de una cosa se altera, el abismo de la nada se cruza y por un momento infinitesimal se hace visible.”

Debería estar claro ahora que el Abismo es una metáfora para un número de intuiciones y experiencias. No sé cuántas clases diferentes de abismos hay, pero sí que se pueden hacer distinciones: el Abismo de la nada, el Abismo de la separación, el Abismo del conocimiento, el Abismo del no-ser (o dejar de ser). La percepción del ser y la nada van de la mano como Sartre expuso en estudios de gran profundidad [7], muchas de sus observaciones sobre la naturaleza de la conciencia y sus relaciones en cuanto a la negación o la nada están entre las más perceptivas que he encontrado. Sus argumentos son largos y complejos pero resumiendo se podría decir que la nada fue vista por él como la necesaria consecuencia de una clase especial de ser que él llamó “ser-por-sí-mismo” (la clase de ser que experimentamos como seres humanos).

El Abismo de la separación se puede experimentar como la separación de lo divino, pero también puede ser experimentado de forma muy real en las relaciones personales con los demás y con el mundo físico. Mucho de lo que percibimos sobre el mundo y las personas es una ilusión creada por la maquinaria de la percepción; deshazte de ella y Yesod se convierte en Daath, dejando un abismo delante de ti donde uno es menos consciente de lo que uno sabe que de lo que no sabe; es posible mirar a la cara de un amigo y ver algo tan extraño como la superficie de Plutón. Esta experiencia está estrechamente relacionada con el Abismo del conocimiento, que se discute en más detalle unos párrafos más abajo. El Abismo del no-ser es la percepción directa de que en cualquier momento es posible no ser. Esta percepción va más allá de la contemplación o la conciencia de la muerte física; es la comprensión de lo que Dion Fortune llama Anillo del Caos, algo más parecido a un proceso que a un estado que cada momento nos atrae como un imán hacia la total destrucción a todos los niveles.

Cuanto más te acercas a las raíces del ser, más cerca estás de las raíces del no-ser. Daath significa “Conocimiento”. En la Kábala primitiva Daath era el símbolo de la unión de la Sabiduría (Chokhmah) y el Entendimiento (Binah). El libro de los Proverbios es una mina de material sobre la naturaleza de estas tres cualidades, material cuyas formas son la base de muchas ideas de la Zohar y otros textos kabalísticos; por ej. Proverbios 3.13: “Feliz es el hombre que encontrara la sabiduría y el hombre que consiguiera entendimiento… Es el árbol de la vida para los que se asen a ella y los que se mantienen fírmemente asidos a ella han de ser llamados felices. El Señor de la sabiduría fundó la Tierra; Afirmó sólidamente los cielos con discernimiento. Por su conocimiento las profundidades acuosas mismas fueron partidas y los cielos nublados siguen goteando lluvia ligera” Y Proverbios 24.3: “Con sabiduría se edifica la casa, y con discernimiento resulta firmemente establecida. Y con conocimiento los cuartos interiores se llenan de todas las cosas preciosas y agradables de valor”.

En la “Bahir” [8] y la “Zohar” [ej. 2] Daath representa la unión simbólica de la sabiduría y el entendimiento, y es su descendencia por así decirlo. Como el Microprosopus, a veces simbolizado por Tiphereth, es como el hijo simbólico de Chokhmah y Binah. Esto puede dar lugar a confusión. De acuerdo con la Zohar, Daath tiene un lugar específico en el Microprosopus, en una de las tres cámaras del cerebro desde la cual media entre los sephiroth superiores (Chokhmah y Binah) y los inferiores (los seis sephiroth o “cámaras” del Microprosopus – mira la referencia a los Proverbios 24.3 de arriba). Muchas veces me he preguntado por qué el conocimiento es el resultado natural de la sabiduría y el entendimiento. Ha sido hace poco tiempo que me he dado cuenta (leyendo los Proverbios) de que cuando se habla de sabiduría se habla de algo *externo*, algo que se recibe de otra persona. Cuando éramos niños nos decían “haz esto” y “no hagas aquello” muchas veces sin que comprendiéramos la sabiduría de esos consejos debido a que nos faltaba el entendimiento.

Recuerdo una vez que tuve una fuerte discusión con mi padre porque quería construir un cohete con un motor mezclando gasolina y peróxido de hidrógeno. Él me prohibió que lo hiciera y yo no podía entenderlo porque había prometido tener cuidado. Ahora *sé* por qué gracias a que ahora *entiendo* la estupidez de lo que iba a hacer, había *sabiduría* en su negación. La sabiduría no puede integrarse en uno mismo a no ser que tengas la capacidad de entenderla, y una ver entendida, se convierte en conocimiento real que puede ser pasado de nuevo en la forma de sabiduría para otra persona. Para los primeros kabalistas la sabiduría última era la sabiduría de Dios expresada en la Torah, y por medio de intentar entender esta sabiduría podían llegar al único conocimiento realmente valioso. El conocimiento de Dios era la unión entre lo superior y lo inferior, y quizás esta es la razón por la que Daath no fue nunca un sephiroth, algo que se manifiesta de forma real; desde el momento de la Caída ese conocimiento se ha perdido. Una de las cosas más importantes que aprendí gracias a mi maestra es que Daath es el agujero que se creó cuando Malkuth salió del Jardín del Edén. Si examinas el desarrollo del Árbol de la Vida en el cap. 1 verás que lo he basado en esta observación.

La noción de Daath como un “agujero” parece haberse originado en este siglo. Gareth Knight, por ejemplo [9], provee un conjunto de correspondencias para Daath, muchas de las cuales parecen ser correspondencias negativas de Tiphereth o parecen prestadas de otros sephiroth pero hay una que es muy interesante. La imagen mágica que da para Daath es la de Jano, el dios de las puertas. Kenneth Grant [10], con su imaginación típica ve a Daath como la puerta a travésde la cual se llega a “otros espacios más allá o detrás del Árbol mismo” dominado por fuerzas klippóticas. Hay una correspondencia profunda entre los sephiroth en la parte baja del Árbol y los de la parte superior: mira la simetría del Árbol y deberías observar por qué Malkuth, Tiphereth y Kether están unidos, por qué Hod y Binah están unidos y por qué Chokhmah y Netzach están unidos. Más importante aún para el objetivo de esta discusión, verás que hay una correspondencia entre Yesod y Daath.

Éstas no son simples simetrías geométricas; expresan importantes relaciones que son verificables a nivel experencial, lo que las convierte en algo necesario para alcanzar el entendimiento de la Kábala. Daath y Yesod, en niveles diferentes, son como dos caras de la misma moneda. Deshazte de la maquinaria de la percepción como decía antes y Yesod se convierte en Daath. La siguiente cita fue extraída de un artículo antropológico de buena fe [11] en el cual se intentaba explicar algunas de las características del arte de las cavernas: “La entrada en un nivel más profundo del trance se ve acompañada a veces por, de acuerdo con los informes del laboratorio, una experiencia de un vórtice o túnel giratorio que parece rodear al sujeto. El mundo externo va desapareciendo poco a poco y el mundo interno se hace más vívido. Imágenes cónicas pueden aparecer en las paredes del vórtice, dibujadas sobre una especie de píxeles como en las pantallas de televisión. Frecuentemente hay una mezcla de formas cónicas y geométricas. Los chamanes experimentados son capaces de entrar con rapidez en el estado de trance profundo y manipular las imágenes de acuerdo con las necesidades de la situación. La experiencia que les queda después es la de haber estado en un mundo que no es de creación propia, un mundo objetivo espiritual que han tenido el privilegio de visitar”.

Esto no sorprenderá a nadie que haya leído “El camino del Chaman” de Michael Harner [5]. Allí, en la página 103 (lámina 8 ) se ve una imagen del vórtice del túnel con sus prismas. Cuando ví por primera vez esta imagen me sorprendió y la reconocí al instante; cuando se la enseñé a mi esposa su reacción fue la misma. El túnel parece ser una de las experiencias constantes mágicas/místicas y aparece en un contexto muy preciso. En la Cábala el túnel chamánico se puede atribuir al camino 32 que une Malkuth con Yesod; este camino conecta lo real con el mundo de la imaginación y lo inconsciente, y normalmente se simboliza como un túnel [ej.9]. Sin embargo, utilizando la simetría del Árbol, esto también corresponde con el camino que conecta Tiphereth con el Abismo, a través de Daath, hasta Kether. El túnel/vórtice a este nivel ya no es subjetivo, porque este nivel del Árbol corresponde a la realidad objetiva subyacente al mundo de los fenómenos, y une la conciencia de uno mismo con algo más grande.

Al igual que Yesod representa la maquinaria de la percepción de los sentidos, Daath puede hacerlo también a otro nivel de percepción, no percepción de los sentidos sino algo completamente diferente que parece operar por la “puerta de atrás” de la mente; esto es conocimiento objetivo, lo que se llamó la gnosis. Para concluir esta sección sobre Daath y el Abismo, vale la pena preguntarse cuál es la relación entre las dos ideas. Como programador soy consciente de las lagunas entre las ideas abstractas tales como el número dos y sus representaciones físicas en el mundo: 2, II, .., two etc. El número dos podría ser representado de cualquier forma que nos propusieramos pero sólo cuando compartimos esa comprensión de la forma podemos entender lo que ésta representa.

Un teorema básico de la información dice que la forma óptima de expresar una información es aquélla que se comprendiera aún si los símbolos que la expresan se dieran al azar. Podría tomar este párrafo y pasarlo a través de un optimizador de textos que desordenara los caracteres y entonces para alguien que no conociera el proceso de desorganización el párrafo no sería más que letras al azar. Sin embargo el que conoce el procedimiento podría extraer el mensaje original. Sea lo que sea lo que llamamos información parece existir independientemente del mundo físico, y utiliza el mundo de la marcas de tiza, o de tinta, o lo que sea como el jinete que utiliza un caballo. Para mi, la laguna es irreconciliable. Entre el mundo físico y el mundo de la mente hay un abismo, y no es que quiera meterme en una suerte de “nueva física” porque esto es el pan de cada día de los programadores informáticos que se pasan la mayor parte del tiempo transformando abstracciones de un símbolo a otro. Viendo el tema desde un punto de vista diferente podríamos poner el ejemplo de que hay prueba matemática de la no existencia de un número mayor primo. Yo conozco esa prueba pero si no la expreso, no importa que me disecciones el cerebro, no la vas a encontrar. Y me apostaría una buena cantidad de alcohol a que es imposible descubrir una manera aunque sea teóricamente; la prueba de que no existe número mayor primo no la sabrás a través de mi ni aunque contrates a un neurólogo capaz de mapear todos los átomos en mi cerebro.

La evolución tiende a la optimización y creo que la prueba está codificada en algún sitio objetivo en una forma al azar. En el Abismo hay conocimiento que nunca se puede alcanzar. En la Kábala este abismo en particular se llama el abismo de Assiah; es el primero de una serie de abismos. El siguiente es el abismo de Yetzirah, el cual hemos estado discutiendo en la mayor parte de esta sección. Hay otros abismos y esto debería entenderse mejor en el capítulo de los Cuatro Mundos y el Árbol Extendido. El Abismo y Daath van juntos porque el Abismo impone un límite a lo que puede ser *conocido* por debajo de él; el abismo es un abismo de conocimiento y Daath es el agujero en el que caemos cuando intentamos ir más allá. ¿Puede la naturaleza de Dios ser expresada en términos humanos? No. Dios es tan humano como una cucaracha, como una estrella o como una piedra o como un vacío. Entonces ¿cómo podemos *saber* algo sobre Dios?. Sólo cuando Daath se convierte en el Yesod de otro mundo puedes *saber* algo, pero por desgracia la lengua de los ángeles es como el oro de leprecaun: para cuando te lo has llevado a casa para enseñárselo a tus amigos, no te queda más que un monedero lleno de hojas secas.

[1] Robert Graves & Raphael Patai, “Hebrew Myths: The Book of Genesis”, Arena 1989
[2] Mathers, S.L., “The Kabbalah Unveiled”, RKP 1981
[3] Fortune, Dion, “The Cosmic Doctrine”, Aquarian 1976
[4] Crowley, Aleister, “The Confessions of Aleister Crowley”, Bantam 1970
[5] Harner, Michael, “The Way of the Shaman”, Bantam 1982
[6] Scholem, Gershom G., “Major Trends in Jewish Mysticism”, Schocken 1974
[7] Sarte, Jean-Paul, “Being and Nothingness”, Routledge 1989
[8] Kaplan, Aryeh, “The Bahir Illumination”, Weiser 1989
[9] Knight, Gareth, “A Practical Guide to Qabalistic Symbolism”, Vols 1 & 2, Helios 1972
[10] Grant, Kenneth, “Cults of the Shadow”, Muller 1975
[11] Lewin, Roger, “Stone Age Psychedelia”, New Scientist 8th.

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